4 de mayo (#338)
Presumo (y creo haber elegido bien la palabra) de haber trabajado en dos de las tres instituciones culturales más importantes del país: la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación; también en el fondo editorial de una de las más importantes universidades privadas del país, en importantes instituciones del Estado peruano, en centros de investigación de mi Alma Mater y en diarios y revistas que me formaron profesionalmente. Pero si me preguntaran cuál de todos ellos fue el más importante, el más gravitante a nivel personal y profesional, no dudaría un instante en responder que en el Centro de Documentación y Archivo del diario El Comercio (el Dipa o Archivo como todos lo conocíamos).
De los diecisiete años que trabajé en el diario El Comercio, once de ellos los pasé ahí. Fue la mejor época de mi vida, mis años de formación como documentalista de prensa y los más felices de los que dediqué al periodismo. Aunque ya había trabajado antes en otros medios y periódicos, fue en el Dipa, en el Archivo del diario El Comercio, donde empecé a considerarme periodista. Pero era muy consciente de que no lo era y que tenía que aprender el oficio, y la mejor manera que tuve de hacerlo fue observando a colegas y amigos cómo realizaban su trabajo.
En ese sentido, la redacción de El comercio y sus periodistas fueron la mejor escuela de periodismo que pude tener. Definitivamente, la mejor. Y fue la mejor porque llegué en una época en que estaban (todavía) los mejores, tal vez la última generación de grandes periodistas que ese diario ha visto y que hoy se echa tan en falta. En fin, fue precisamente observando trabajar a estos grandes periodistas que aprendí a elegir los temas, a discutir los asuntos del momento, qué fotos utilizar (y que a veces costaba tanto trabajo y esfuerzo a los reporteros gráficos conseguir), a titular y editar los textos, armar las páginas y la importantísima primera. En fin, como dije, la mejor escuela de periodismo que alguien en suerte pudo tener. Todo lo que sé sobre cómo escribir para un periódico lo aprendí con ellos. Eso y, por supusto, mucho más, todos los recovecos e intríngulis del oficio. Y fue también ahí donde descubrí a grandes periodistas que desde entonces no he dejado de leer: Michael Herr, John Hersey, Ryszard Kapuscinski, Gay Talese, Tomás Eloy Martínez, Manuel Chaves Nogales, Julio Camba, Rodolfo walsh, entre tantos, además de a los grandes clásicos del género: George Orwell, John Reed, Manuel Vicent, Günter Wallraff, Tom Wolfe.
Por eso hoy, 4 de mayo, en que se celebra un aniversario más de la fundacón de El Comercio no quiero que acabe sin recordar (y agradecer) a los grandes periodistas que conocí ahí y a los que debo tanto. Gratias tibi ago.
¡Qué tengan felices lecturas!


